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viernes, 26 de noviembre de 2010

Capítulo 4

“Silencio. Un latido rompe la calma. Suspira: algo queda de su corazón”

-¡Ya abre los ojos! – era la voz de Javi. ¿Dónde estaba? ¿Por qué todos la miraban así? El cuerpo le pesaba –. ¡Ey! ¿Cómo estás?
No pudo responder. Suficiente esfuerzo le suponía abrir los ojos. Todos sus amigos la rodeaban, Lucas también. Se inclinó hacia ella y le colocó una bolsa con hielo en la frente.
-Te has dado un buen golpe en la cabeza – parecía serio –. No entiendo por qué bebéis tanto.
-¿Pero dónde estoy?
Dio un bote al sentir el frío del hielo en la frente y observó a su alrededor. Mirando a través de la barrera que habían formado sus amigos reconoció su habitación.
-Estás en tu casa. Te caíste de repente cuando estábamos en Los Ángeles. Nos has dado un buen susto... – respondió Ruth con la cara descompuesta por la preocupación.
La puerta del dormitorio se abrió y entró la madre de Natalia con una bandeja llena de vasos. También llevaba una jarra que parecía contener leche. Se apresuró hacia la cama al ver que su hija había despertado, dejando la bandeja encima de la mesa, bastante desordenada.
-¡Hija! ¿Estás bien? – se detuvo un segundo para cambiar su expresión de preocupación a enojo –. ¡Ya sabía yo que no podíamos dejarte sola! ¡Me prometiste que ibas a comer! – hizo una pequeña pausa y cerró los ojos, intentando tranquilizarse –. Pero esto se acabó, vas a ir a un médico en cuanto sea posible. ¡Necesitas comer bien!
-Mamá, cállate, por favor. Delante de mis amigos no – suplicó Natalia, sin fuerzas para discutir con su madre.
Nadie comprendía nada de lo que estaba ocurriendo, pero todo apuntaba a que Natalia se había desmayado porque llevaba más tiempo sin comer del que su cuerpo podía soportar. ¿Pero por qué?
Se miraban unos a otros, para descubrir la misma expresión de desconcierto en cada una de sus caras y sin hallar la respuesta por ninguna parte.
-Chicos, podéis iros si queréis. Son las cinco de la madrugada y necesitaréis descansar después de esto... Pero muchas gracias por todo.
La madre dedicó una sonrisa forzada a aquellos cinco jóvenes, que intentaban comprender qué ocurría, pero que realmente ya no pintaban nada allí.

Acurrucada en el sofá, abrazando sus rodillas, Ruth observó una luz tímida asomar por la ventana, como si pidiera permiso para entrar: estaba amaneciendo. No había dormido... no podía quitarse de la cabeza la conversación que había escuchado hacía unas horas en su habitación entre Natalia y Lorena. Había tenido que consolar a su amiga muchas veces antes cuando ella lloraba por Lucas, pero esta vez era diferente. Esta vez ella tenía algo que ver, aunque no sabía de qué se trataba. Intentando atar cabos recordó la noche del jueves, cuando habló con Nat por MSN. Porque se enamorará de ti, le había dicho. Quizás fuera eso, quizás pensaba que Lucas sentía algo por ella. ¡Pero qué absurdo! Suspiró. Tenía ganas de ver a su amiga y de saber cómo se encontraba.
De pronto escuchó el sonido de un móvil, que parecía proceder de la planta de arriba. Cada vez sonaba más alto, así que no le quedó más remedio que levantarse e ir corriendo a responder, o sus padres y Víctor se despertarían. Dejándose llevar por el oído, Ruth llegó hasta su habitación. ¡Anda! Pero si era el móvil nuevo, el regalo de su hermano. Justo cuando se acercó para cogerlo, dejó de sonar. Luchó por encontrar la manera de desbloquearlo y poder ver quién había llamado, extrañada, ya que aún no le había dado ese número a nadie. Finalmente lo consiguió. ¡Ella y sus prodigiosas habilidades tecnológicas!
No habían llamado, pero había un mensaje, y aquel número... Sí, lo conocía. Era de... ¿Lmusic? ¿Cómo había conseguido localizarla?

Siento enviarte esto a estas horas, pero hoy no puedo dormir. Espero no haberte despertado. Quería pedirte perdón por lo de esta noche, sé que no ha sido justo, pero te pido por favor que me perdones. Necesito más tiempo. Te quiero, princesa.

Lucas se dejó caer en la cama, con la cabeza apoyada en las manos. Más tiempo... Pensó, y soltó una risilla irónica. Llevaba enamorado de ella casi dos años, pero él le pedía más tiempo... Era un cobarde. Una tenue luz se colaba entre la persiana: estaba amaneciendo y a pesar de no haber dormido no tenía sueño. Solo pensaba en ella... Sorprendentemente, no había descubierto su identidad. Y eso era lo que más temía, que reconociera su voz. Pero bueno, Ruth era demasiado inocente como para darse cuenta de cómo la miraba, de que la amaba. Y ni se le había pasado por la cabeza que él pudiera ser el chico con quien llevaba hablando más de un año por Internet. Sonrió. Recordó el día en que la vio después de hablar por primera vez por MSN, cuando a él se le ocurrió esa estúpida idea de esconderse tras aquel nick tan poco original: Lmusic.
Ruth era una persona alegre, que parecía tener siempre una sonrisa preparada para cualquier circunstancia, pero aquel día, después de haber conocido a Lmusic, sonreía más que nunca. Incluso escuchó cómo le hablaba de ese tipo a sus amigas. Habían compartido momentos increíbles a través de Internet, pero cada día se arrepentía más de haber ocultado quién era, como un cobarde, en vez de plantarse frente a ella y sincerarse cara a cara. Suspiró. Sabía que eran muchas las chicas que darían cualquier cosa por salir con él, aunque no terminaba de entender por qué, pero Ruth... Ruth no. Ella jamás había mostrado ningún tipo de interés. Quizás por eso él jugaba a escondidas, haciendo trampas. Cobarde – se dijo de nuevo.
Pensó en lo que había ocurrido hacía tan solo unas horas. Nunca antes habían estado tan cerca. Por primera vez había podido acariciarla, sentirla, olerla... pero no de la manera en que le hubiese gustado, ni mucho menos. Porque mientras él había vivido aquel momento con Ruth, ella lo había hecho junto a Lmusic. Sentía impotencia: sabía que después de tanto tiempo enmascarado le resultaría mucho más difícil confesarle la verdad. Además... ¿cómo se sentiría ella? Ella que creía en la existencia de un personaje que se había sacado de la manga, un personaje ficticio inventado por él, por su imaginación. ¿Por su imaginación? No... Lmusic había surgido de su miedo... ¡de su cobardía!
Como cuando le dicen a un niño que los Reyes Magos son sus padres. ¡Menudo chasco! Por otro lado, cuando hablaba con Ruth escondido tras aquel seudónimo, se mostraba tal y cómo era, algo que no era tan fácil de hacer habitualmente, en el día a día. Si él no ocultase algunas de sus facetas... Sonrió, imaginando la reacción que tendrían sus amigos si conocieran el repertorio de cosas que solía hacer en la soledad. No es que se avergonzara de ello, pero desde luego a veces es mejor no exponer a un público todo aquello que haces o piensas.
Reinaba el silencio, a excepción de algunos pajarillos que habían empezado a cantar bajo la luz de un nuevo día. Lucas se levantó de la cama y cogió su guitarra. La necesitaba. Con ella colgada a la espalda subió las escaleras hasta la terraza y allí, contemplando el ya avanzado amanecer, comenzó a tocar. Acompañando el alegre canturreo de aquellas avecitas tan madrugadoras, perdiéndose en la inmensidad de la ciudad, las cuerdas de su tan batallada guitarra hacían sonar una canción: With me.

Tras leer tres veces más el mensaje, Ruth dejó el móvil a un lado y se dirigió al ordenador. Quizás Lmusic estuviera conectado. Le apetecía hablar con él. Lo necesitaba después de todo lo sucedido aquella noche. Esperó a que se abriera el MSN e inició sesión. Solo tres contactos estaban conectados, en estado no disponible, y ninguno de ellos era quien ella esperaba. Qué decepción. Impulsando la silla hacia atrás agarró de nuevo el móvil y comenzó a escribir un SMS:

¿Cómo es que no puedes dormir? Por cierto, me muero por saber de dónde has sacado este número. ¡Si acabo de estrenar el móvil! Bueno, estoy conectada, por si quieres hablar. Un beso, tramposo.

Enviar.
Sintió un cosquilleo en el estómago al recordar lo que había ocurrido aquella noche con Lmusic. No había sido el encuentro que ella siempre había imaginado, pero sin duda, todo había ocurrido de la manera más original.
Envuelta en la tenue luz violácea del amanecer una sonrisa llenó de alegría el rostro de Ruth, tan apagado durante aquellas últimas horas. Alguna vez se dejaría ver, y ella esperaba con ansia aquel momento: el momento en que su chico cibernauta dejase a un lado la máscara que había ocultado su identidad durante tanto tiempo. ¿Cómo sería? Lo que ya conocía de él es que era alto y que su piel era tan suave como cálida, y que olía muy bien... Jamás podría olvidar ese olor. ¿Pero por qué le había pedido más tiempo? No tenía sentido. Se sintió abatida al pensar que si no se atrevía a mostrarse ante ella, sería porque algo tenía que ocultar. Algo que él sabía que no resultaría de su agrado. ¿Por qué iba a esconderse si no?
En ese momento, interrumpiendo los pensamientos de Ruth, el sonido del MSN la avisó de que alguien le había hablado. Su corazón comenzó a latir con fuerza, imaginando de quién se trataba. Y, efectivamente, era Lmusic.

Lmusic: ¿sigues ahí?
Ruth: sí, aquí estoy. Yo tampoco puedo dormir...
Lmusic: ¿y eso? ¿Qué te preocupa?
Ruth: muchas cosas. Esta noche mi amiga se ha desmayado... No está bien, y no sé muy bien qué hacer. Creo que tengo algo de culpa.
Sin dejarle responder, siguió escribiendo.
Ruth: pero ahora mismo no pensaba en eso.
Lmusic: ¿y en qué pensabas?
Ruth: pues estaba pensando en ti. En lo de esta noche. ¡En lo injusto que has sido!

Lmusic, Lucas, en su habitación, a la que había regresado de inmediato tras recibir el SMS de Ruth, sintió una enorme impotencia. A pesar de que ella no parecía estar enfadada, sabía que no debía ni podía alargar esa mentira durante mucho más tiempo. Pero, ¿qué hacía? ¿Le confesaba así sin más su verdadera identidad? No era tan sencillo, esa decisión podría cambiar muchas cosas. Cosas que él prefería conservar tal y como estaban. Pero... ¿y ella? ¿También lo prefería así? Tenía derecho a saber la verdad. Quizás haberla besado esa noche había sido un error. Un tremendo error. Si él no le había sido sincero a estas alturas, era precisamente por miedo a ser rechazado. Entonces, ¿con qué derecho la había besado? Si sabía que ella probablemente al descubrir la verdad no habría correspondido ese beso. Se sintió culpable. Lo que había hecho no estaba bien.

Lmusic: quería pedirte perdón.
Ruth: ¿otra vez? ¡Ya he perdido la cuenta!
Lmusic: es que no es eso, Ruth. No puedo explicártelo, pero tienes que saber que para mí todo esto es muy complicado. Más de lo que puedas imaginar... Y de verdad que lo siento.
Ruth: pues compénsame. Déjate ver. No entiendo de qué tienes miedo, si seas como seas, nada va a cambiar entre nosotros.
Lmusic: sabrás quién soy. Te lo prometo. Pero prométeme tú a cambio que, por mucho que todo esto pueda llegar a sorprenderte, nada cambiará entre nosotros. Sea quien sea... al fin y al cabo sigo siendo yo.
Ruth: ¡me estás asustando! Esta noche no he notado nada raro, si dejamos a un lado tus trampas. Parecías bastante normal. Por eso no sé qué es lo que podría sorprenderme tanto.
Lmusic: bueno, digamos que sí soy una persona normal. Para ti quizás más normal de lo que crees.

5 comentarios:

  1. Me encantaaaa:)With me, me encanta. Sigue así. Espero el siguiente con muchas ganaas:)

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  2. Me gusta mucho :) Espero el siguiente!
    Besos ^^

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  3. :( bueno es que crei lo anterior pero aqui me confirmas lo que sospechaba en el primer capitulo, pero como los cuentos de Edgar Allan Poe me han enseñado que lo obio no es siempre lo que es.....crei que Lmusic no era quien yo creia....me ha gustado :)

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  4. Capitulo leido ahora voi a por el siguiente :)
    Me encanta.

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